Páginas

domingo, 21 de enero de 2018

EL SACRAMENTO DE LA CONFESIÓN






MIENTRAS SE ESTÁ VIVO,  DIOS ES PERDÓN Y MISERICORDIA,  UNA VEZ MUERTO,  DIOS ES JUSTICIA.

No dice el Señor que nos preparemos cuando llegue la muerte, sino que estemos preparados. En el trance de morir, en medio de aquella tempestad y confusión es casi imposible ordenar una conciencia enredada. Así nos lo muestra la razón. Y así nos lo advirtió Dios, diciendo que no vendrá entonces a perdonar, sino a vengar el desprecio que hubiéremos hecho de su gracia (Rom. 12. 19).

Justo castigo—dice San Agustín —será el que no pueda salvarse cuando quisiere quien cuando pudo no quiso.


Quizá diga alguno: ¿Quién sabe? Tal vez podrá ser que entonces me convierta y me sal-ve... Pero ¿os arrojaríais a un pozo diciendo: ¿Quién sabe?, ¿podrá ser que me arroje aquí, y que, sin embargo, quede vivo y no muera?... ¡Oh Dos mío!, ¿qué es esto? ¡Cómo nos ciega el pecado y nos hace perder hasta la razón! Los hombres, cuando se trata del cuerpo, hablan como sabios y como locos si del alma se trata.
 ¡Oh hermano mío! ¿Quién sabe si este último punto que lees será el postrer aviso que Dios te envía? Preparémonos sin demora para la muerte, a fin de que no nos halle inadvertidos.




No hay comentarios:

Publicar un comentario