GRUTA DELOURDES FRANCIA EN VIVO

SATÁN ENTRONIZADO EN EL TEMPLO SANTO" SE ARRODILLA ANTE HEREJES QUE ODIAN A LA MADRE DE DIOS



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lunes, 21 de septiembre de 2015

ESTAS MIS BENDICIONES PERMANECERÁN CON USTEDES POR TODA SU VIDA Y USTEDES TAMBIÉN PODRÁN TRASMITIR ESTAS BENDICIONES CON EL CORAZÓN, PARA TODOS AQUELLOS QUE USTEDES ENCUENTREN.



Mensajes De Dios Al Mundo a través de su profeta: Marcos Tadeu


Jacareí, 19 de Septiembre del 2015
Transmisión de las Apariciones Diarias en vivo vía internet en la WebTV mundial: www.apparitionstv.com


CENÁCULO EN LA CIUDAD DE GUARULLOS
(SAN PABLO-BRASIL)

(Marcos): “¡Para siempre sean alabados Jesús, María y José! Sí. Sí, haré, sí. En realidad eso que me pediste Señora, yo ya comencé e infelizmente por causa de los problemas de esta semana no pude terminar, pero esta semana te prometo Señora que pronto daré ese servicio. Sí. Sí Señora…Sí Señora, diré a él, sí. Sí Señora, también diré a ella. Sí, entregaré, sí. Sí, ya sé quién es. Sí."

(Diálogo entre el profeta y la Madre de Dios)


Mensaje De La Santísima Virgen María


Aparecieron también: San Miguel Arcángel y el Ángel San Mariel




“Mis Queridos Hijos, hoy, cuando ustedes recuerdan Mi Aparición en La Salette, Yo vengo aquí en esta casa tan amada por Mí, en esta familia, también tan amada por Mí para decirles:

“Les amo mucho.”

Yo les amo de todo Mi Corazón y Mi Aparición aquí hoy, es la gran señal de cuanto amo esta familia, de cuanto les amo a todos los que están aquí, de cuanto amo esta Ciudad, de cuanto amo el Brasil.

Quiero ayudarles a todos, pero depende de ustedes, cuanto podré ayudarles a ustedes mismos.
Si ustedes no rezan, si ustedes no abren sus corazones para Mí, no tengo como ayudarles, porque así como Dios respeta la libertad del ser humano en amarlo o no amarlo, Yo también Soy forzada a respetar la libertad de ustedes, y si ustedes no Me quieren, si ustedes no quieren rezar Conmigo Mi Rosario, no tengo como ayudarles. 

Por eso Hijitos, lo que Yo les pido más profundamente en esta noche, es que ustedes Me abran sus corazones y que ustedes Me dejen actuar en sus vidas, transformando todo lo que en sus vidas no es bueno, les causa sufrimiento, infelicidades, transformar todo eso en alegría, felicidad y bendición.

Por eso, agarren el Rosario, recen Mi Rosario y poco a poco, Yo transformaré sus vidas en un mar de Paz, de Alegría y de Amor.

Muchas Gracias que ustedes vinieron a pedirme les serán concedidas, pero ustedes deben rezar, porque la Oración es condición para que Dios libere cualquier Gracia de Sus manos.

Hoy es el día en que Yo aparecí llorando en La Salette para decirles:

“Que Mi Corazón sufre por cada Hijo Mío que se pierde en el pecado y a cada hora, más y más Hijos Míos se pierden, alejándose de Dios y de Mí, y caminando por el camino de la violencia, del pecado, de la perdición.”

Ayúdenme Mis Hijos, ayúdenme rezando mucho para salvar a Mis Hijos, ayúdenme haciendo los Grupos de Oración por todas partes, para salvar a Mis Hijos.

 Yo cuento con ustedes, Yo pongo Mi esperanza en ustedes, ustedes fueron muy amados por Mí.

En verdad, cuando ustedes fueron concebidos en el vientre de sus madres, Yo ya les conocí, ya les amé y les escogí para estar hoy aquí juntito de Mí, conociendo Mi Amor, conociendo las maravillas que Yo hago en Mis Apariciones en Jacareí.

Ustedes no vinieron aquí solamente porque quisieron, Yo les amé primero y les traje aquí con la fuerza de Mi Amor.

Abran sus corazones para Mi Llama de Amor y ella entrará en ellos, y transformará completamente sus corazones.

Quitaré de sus corazones: toda depresión, toda tristeza, toda preocupación, toda falta de Paz y colocaré en su lugar: Alegría, Amor, Paz, Esperanza y una vida nueva.

La Oración entonces, no será más pesada, difícil para ustedes, ella será leve y cuando ustedes recen, se sentirán leves, se sentirán en paz, porque la Oración producirá paz en sus corazones, sentirán Mi presencia y recibirán muchas Gracias de Mí a lo largo de sus vidas.

Todo lo que Yo quiero de ustedes es apenas una cosa:

“Que ustedes amen a Dios, que ustedes Me amen, la Madre del Cielo de ustedes y que ustedes se amen también los unos con los otros de todo corazón.”

Porque el ser humano se alejó de Dios, perdió el amor, también perdió el amor por el prójimo. Por eso en las familias solo hay peleas, en el mundo solo hay violencia, maldad y falta de amor.

Si ustedes comienzan a amarse los unos a los otros de corazón y a rezar, muy pronto, regiones, países enteros de la tierra serán curados de la violencia, de la maldad, de las guerras y el mundo finalmente tendrá Paz. 

Ahora, derramo sobre todos ustedes una gran lluvia de Gracias y de Bendiciones. Estas Mis Bendiciones permanecerán con ustedes por toda su vida y ustedes también podrán trasmitir estas Bendiciones con el corazón, para todos aquellos que ustedes encuentren.

Yo les bendigo con amor ahora: de LA SALETTE… de LOURDES… y de JACAREÍ.”



GUARULHOS, 19 DE SEPTIEMBRE DE 2015
CENÁCULO CON LA IMAGEN PEREGRINA


(Marcos): “Diré, sí. Muchas gracias Querida Madre por estas Gracias y por haber venido aquí hoy en esta familia, transformando esta familia en un pequeño Cielo, transformando esta familia en un Jardín de Gracias y de Bendiciones. Muchas gracias, te agradecemos Señora de todo nuestro corazón. También te agradezco Señora por la feliz noticia de esta semana, que mi prima que usted Señora curó y visitó, finalmente tuvo alta médica y está librada definitivamente de todo tratamiento, de todo aquel sufrimiento. Muchas gracias, hasta pronto Señora Mía, amor mío y mi vida.”






VIDEO DEL CENÁCULO 























































UNA DE LAS MUCHAS FOTOS MILAGROSAS TOMADAS POR DIFERENTES PEREGRINOS DONDE PUEDE APRECIARCE LA LLUVIA DE GRACIAS 
DE NUESTRA SEÑORA 
EN SU SANTUARIO DE LAS APARICIONES DE JACAREI BRAZIL.



13 DE OCTUBRE 2014 FIESTA DE NUESTRA SEÑORA DE APARECIDA
EN JACAREI., BRAZIL   LLUVIA DE GRACIAS.



Mensajes De Dios Al Mundo a través de la Venerable:
Sor María de Jesús de Agreda



Vida de la Virgen María


“Mística Ciudad de Dios”.








“Mística Ciudad De Dios”.


CAPITULO 24

Llegan a Egipto los peregrinos Jesús, María y José con algún rodeo hasta la ciudad de Heliópolis y suceden grandes maravillas.




Ya toqué arriba (Cf. supra n. 615) que la fuga del Verbo humanado tuvo otros misterios y más altos fines que retirarse de Herodes y defenderse de su ira, porque esto antes fue medio que tomó el Señor para irse a Egipto y obrar allí las maravillas que hizo, de que hablaron los antiguos profetas, y muy expresamente Isaías (Is 19, 1), cuando dijo que subiría el Señor sobre una nube ligera y entraría en Egipto y se moverían los simulacros de Egipto delante de su cara y se turbaría el corazón de los egipcios en medio de ellos, y otras cosas que contiene aquella profecía y sucedieron por los tiempos del nacimiento de
Cristo nuestro Señor.


Pero dejando lo que no pertenece a mi intento, digo que, prosiguiendo su peregrinación Jesús, María y José en la forma que queda declarado, llegaron con sus jornadas a la tierra y poblados de Egipto.


 Y para llegar a tomar asiento en Heliópolis fueron guiados por los Ángeles, ordenándolo el Señor, con algún rodeo, para entrar primero en otros muchos lugares donde Su Majestad quería obrar algunas maravillas y beneficios de los que había de enriquecer a Egipto.

Y así gastaron en estos viajes más de cincuenta días, y desde Belén o Jerusalén anduvieron más de doscientas leguas, aunque por otro camino más derecho no fuera necesario caminar tanto a donde tomaron asiento y domicilio.

Eran los egipcios muy dados a la idolatría y supersticiones que de ordinario la acompañan y hasta los pequeños lugares de aquella provincia estaban llenos de ídolos; de muchos había templos y en ellos vivían varios demonios, adonde acudían los infelices moradores a adorarles con sacrificios y ceremonias ordenadas por los mismos demonios y les daban respuestas y oráculos a sus preguntas de que la gente estulta y supersticiosa se dejaba llevar ciegamente.



Con estos engaños vivían tan dementados y asidos a la adoración del demonio, que era menester el brazo fuerte del Señor que es el Verbo humanado para rescatar aquel pueblo desamparado y sacarle de la opresión en que le tenía Lucifer, más dura y peligrosa que en la que pusieron ellos al pueblo de Dios (Ex 1, 6ss).


Para alcanzar este vencimiento del demonio y alumbrar a los que vivían en la región y sombra de la muerte (Lc 1, 79) y que aquel pueblo viese la luz grande que dijo Isaías (Is 9, 2), determinó el Altísimo que el Sol de Justicia Cristo, a pocos días de su nacimiento, apareciese en Egipto en los brazos de su felicísima Madre y que fuese girando y rodeando la tierra para ilustrarla toda con la virtud de su divina luz.


Llegó, pues, el infante Jesús con su Madre y San José a la tierra poblada de Egipto, y al entrar en los lugares el Niño Dios en los brazos de la Madre, levantando los ojos al cielo y puestas sus manos oraba al Padre y pedía por la salud de aquellos moradores cautivos del demonio y luego sobre los que allí estaban en los ídolos usaba de la potestad divina y real y los lanzaba y arrojaba al profundo, y como rayos despedidos de la nube salían y bajaban hasta lo más remoto de las cavernas infernales y tenebrosas.

 Al mismo punto con grande estrépito caían los ídolos, se hundían los templos y se arruinaban los altares de la idolatría.

 La causa de prodigiosos efectos era notoria a la divina Señora, que acompañaba a su Hijo santísimo en sus peticiones como cooperadora en todo de la salvación humana.

San José también conocía que todas éstas eran obras del Verbo humanado y por ellas, con admiración santa, le bendecía y alababa.

Pero los demonios, aunque sentían la fuerza del poder de Dios, no conocían de dónde salía aquella virtud.

Admirábanse los pueblos de los gitanos (egipcios) con tan impensada novedad, aunque entre los más sabios había alguna luz o tradición recibida de los antiguos, desde el tiempo que Jeremías (Jer 43, 8-13) estuvo en Egipto, de que un Rey de los judíos vendría a aquel reino y serían destruidos los templos de los ídolos de Egipto.

 Pero de esta venida no tenían noticia los del pueblo ni tampoco los sabios del modo cómo había de suceder, y así era común el temor y confusión de todos, porque se turbaron y temieron, conforme a la profecía de Isaías (Is 9, 1).

Con esta mutación, preguntándose unos a otros, llegaban algunos a nuestra gran Reina y Señora y a San José y con la curiosidad de ver los forasteros hablaban con ellos de la ruina de sus templos y dioses que adoraban.



 Y tomando ocasión de estas preguntas la Madre de la sabiduría comenzó a desengañar aquellos pueblos, dándoles noticia del verdadero Dios y enseñándoles que sólo él era único y Creador del cielo y de la tierra y el que debía ser sólo adorado y reconocido por Dios, y que los demás eran falsos y mentirosos y que no se distinguían de los maderos o barro o metales de que eran formados, ni tenían ojos ni oídos ni poder alguno, y que los mismos artífices los podían deshacer y destruir como los hicieron y también cualquier otro hombre, porque todos eran más nobles y poderosos, y que las respuestas que daban eran de los demonios que en ellos estaban, mentirosos y engañosos, y no tenían virtud verdadera porque sólo Dios era verdadero.

Como la divina Señora era tan suave y dulce en sus palabras y ellas tan vivas y eficaces, su semblante tan apacible y amable y los efectos de sus pláticas eran tan saludables, con esto corría la voz de los forasteros y peregrinos en los lugares donde llegaban y concurría harta gente a verlos y a oírlos.

Y como al mismo tiempo obraba la oración y petición del Verbo humanado y les granjeaba grandes auxilios y sucedía la novedad de arruinarse los ídolos, era increíble la conmoción de la gente y la mudanza de los corazones, convirtiéndose al conocimiento del verdadero Dios y haciendo penitencia de los pecados, sin saber de dónde ni por qué medio les venía este bien.

Prosiguieron Jesús y María por muchos pueblos de Egipto, obrando estas maravillas y otras muchas, desterrando los demonios no sólo de los ídolos, sino también de muchos cuerpos que tenían poseídos, curando muchos enfermos de grandes y peligrosas enfermedades y alumbrando los corazones de varias gentes y catequizando y enseñando la divina Señora y San José el camino de la verdad y vida eterna.


Y con estos beneficios temporales y otros a que tanto se mueve el vulgo ignorante y terreno, eran traídos muchos a oír la enseñanza y doctrina de la vida y salud de sus almas.



Llegaron a la ciudad de Hermópolis, que está hacia la Tebaida, y algunos la llaman ciudad de Mercurio.

Había en ella muchos ídolos y demonios muy poderosos, y en particular asistía uno en un árbol que estaba a la entrada de la ciudad; que de haberle venerado los vecinos por su grandeza y hermosura, tomó ocasión el demonio para usurpar aquella adoración colocando su silla en aquel árbol.

Y cuando llegó el Verbo humanado a su vista, no sólo dejó el demonio aquel asiento derribado al profundo, pero el árbol se inclinó hasta el suelo como agradecido de su suerte, porque aun las criaturas insensibles testificasen cuan tirano dominio es el de este enemigo.

Y el milagro de inclinarse los árboles sucedió otras veces en el camino por donde pasaba su Creador, aunque no quedó memoria de todos, pero esta maravilla de Hermópolis perseveró muchos siglos, porque después las hojas y fruto de aquel árbol curaban de varias enfermedades.

Y de este milagro escribieron algunos autores (Cf. por ejemplo, Nicéforo (L. 10 c. 31), Sozomeno (L. 5 c. 20), Brocardo (Descriptio Terrae Sanctae, p. II c. 4), como también de otro de los que sucedieron en las ciudades por donde pasaban con la venida y habitación del Verbo encarnado y de su Madre santísima en aquella tierra; como de una fuente que está cerca de El Cairo, donde la divina Señora cogió agua y bebió ella y el niño y lavó sus mantillas; que todo esto fue verdad, y hasta ahora ha durado la tradición y veneración de aquellas maravillas, no sólo entre los fieles que visitan los lugares santos, pero entre los mismos infieles que a tiempos reciben algunos beneficios temporales de la mano del Señor, o para justificar con ellos más su causa, o para que se conserve aquella memoria.

También la hay de otros lugares donde estuvieron y obraron grandes maravillas, pero no es necesario hacer ahora aquí relación de ellas, porque su principal asistencia mientras estuvieron en Egipto fue en la ciudad de Heliópolis, que no sin misterio se llama Ciudad del Sol y ahora le dicen El Gran Cairo.

Escribiendo estas maravillas, pregunté a la gran Reina del cielo con admiración cómo con el niño Dios había peregrinado tantas tierras y lugares no conocidos, pareciéndome que por esta causa se habían aumentado mucho sus trabajos y penalidades.



Respondióme Su Majestad:

No te admires de que para granjear tantas almas peregrinásemos mi Hijo santísimo y yo, pues por una sola, si fuera necesario, rodeáramos todo el mundo si no hubiera otro remedio.

—Pero si nos parece mucho lo que hicieron por la salud humana, es porque ignoramos el inmenso amor con que nos amaron y porque tampoco sabemos amar nosotros en retorno de esta deuda.

Con la novedad que sintió el infierno, viendo bajar a él tanto número de demonios arrojados con nueva y extraña virtud para ellos, se alteró mucho Lucifer y abrasándose en el fuego de su furor salió al mundo, discurriendo por muchas partes para investigar la causa de tan nuevos sucesos.

Pasó por todo Egipto, donde habían caído los templos y altares con sus ídolos, y llegando a Heliópolis, que era mayor ciudad y por eso en ella había sido más notable la destrucción de su imperio, procuró saber y examinar con grande atención qué gente había en ella.

 Y no halló novedad en que topar, mas d-e que María santísima había venido a aquella ciudad y tierra, porque del infante Jesús no hizo consideración juzgándole niño como los demás sin diferencia, porque él no la conocía.

 Pero como de las virtudes y santidad de la prudente Madre y Virgen había sido vencido tantas veces, entró en nuevos recelos, aunque le parecía poco una mujer para tan grandes obras, pero con todo eso determinó de nuevo perseguirla y  valerse para esto de sus ministros de maldad.

Volvió luego al infierno y convocando un conciliábulo de los príncipes de tinieblas les dio cuenta de la ruina de los ídolos y templos de Egipto; porque los demonios, cuando salieron de ellos, fueron arrojados por el poder divino con tanta presteza, confusión y pena, que no percibieron lo que sucedía a los ídolos y lugares que dejaban, pero Lucifer, informándoles de todo lo que pasaba y que su imperio se iba destruyendo en todo Egipto, les dijo que no hallaba ni comprendía la causa de su ruina, porque sólo había topado en aquella tierra la mujer su enemiga —así la llamaba el dragón a María santísima—, de cuya virtud, aunque conocía era muy señalada, no presumía tan grande fuerza como habían experimentado en aquella ocasión, pero con todo eso determinaba hacerle nueva guerra y que todos se previniesen para ella.

Respondieron los ministros de Lucifer que estaban prontos para obedecerle y consolándole en su desesperado furor le ofrecieron la victoria, como si fueran sus fuerzas iguales a su arrogancia (Is 16, 6).

Salieron juntas del infierno muchas legiones y se encaminaron para Egipto, a donde estaba la Reina de los cielos, pareciéndoles que si la vencían, sólo con este triunfo restauraban su pérdida y recuperarían todo lo que en aquel miserable reino les había quitado el poder de Dios, de quien sospechaban era instrumento María santísima.

 Y pretendiendo llegarse a tentarla conforme a sus intentos diabólicos, fue cosa maravillosa que no pudieron acercarse a ella por más de dos mil pasos de distancia, porque los detenía ocultamente la virtud divina que reconocían salía de hacia la misma Señora.



Y aunque Lucifer y los demás enemigos forcejaban y porfiaban, eran debilitados y detenidos como en fuertes prisiones que los atormentaban, sin poderse alargar a donde estaba la invictísima Reina mirándolo todo con el poder del mismo Dios en sus brazos.

Y perseverando Lucifer en esta contienda, fue repentinamente otra vez lanzado en el profundo con todos sus escuadrones de maldad.

Esta opresión y arruinamiento dio gran tormento y cuidado al dragón, y como en estos días, después de la encarnación, se habían repetido algunas,  como queda dicho (Cf. supra n. 130, 318, 370,643), dio en sospechar si el Mesías era venido al mundo.

Mas como le estaba oculto el misterio y él le aguardaba muy patente y ruidoso, quedaba siempre confuso y equivocado, lleno de furor y rabia que le atormentaba, y se desvanecía en inquirir la causa de su dolencia y cuanto más la discurría más la ignoraba y menos la conocía.




Doctrina de la Reina del Cielo
 María santísima.

Hija mía, grande es y sobre todo bien estimable el consuelo de las almas fieles y amigas de mi Hijo santísimo, cuando con fe viva consideran que sirven a un Señor que es Dios de los dioses y Señor de los señores, el que sólo tiene el imperio, la potestad y dominio de todo lo creado, el que reina y triunfa de sus enemigos.

En esta verdad se deleita el entendimiento, se recrea la memoria, se goza la voluntad y todas las potencias del alma devota se entregan sin recelo a la suavidad que sienten con tan nobles operaciones, mirando a aquel objeto de bondad, santidad y poder infinito que de nadie tiene necesidad y de cuya voluntad pende todo lo creado.

¡Oh cuántos bienes juntos pierden las criaturas que olvidadas de su felicidad emplean todo el tiempo de la vida y sus potencias en atender a lo visible, amar lo momentáneo y buscar los bienes aparentes y falaces!

Con la ciencia y luz que tienes, querría yo, hija mía, que te rescates de este peligro y que tu entendimiento y memoria se ocupen siempre con la verdad del ser de Dios.

En este mar interminable te engolfa y anega, repitiendo continuamente:
¿Quién como Dios nuestro, que habita en las alturas y mira a los humildes en el cielo y en la tierra(Sal 112, 5-6)?

¿Quién como el que es todopoderoso y de nadie tiene dependencia, el que humilla a los soberbios y derriba a los que el mundo ciego llama poderosos, el que triunfa del demonio y le oprime hasta el profundo?  

Y para que mejor puedas dilatar tu corazón en estas verdades y cobrar con ellas mayor superioridad sobre los enemigos del Altísimo y tuyos, quiero que me imites según tu posible, gloriándote en las victorias y triunfos de su brazo poderoso y procurando tener alguna parte en las que quiere alcanzar siempre de este cruel dragón.

 No es posible que lengua de criatura, aunque sea de los serafines, declare lo que mi alma sentía, cuando miraba en mis brazos a mi Hijo santísimo que obraba tantas maravillas contra sus enemigos y en beneficio de aquellas almas ciegas y tiranizadas de sus errores y que la exaltación del nombre del Altísimo crecía y se dilataba por su Unigénito humanado.

 Con este júbilo magnificaba mi alma al Señor y con mi Hijo santísimo hacía nuevos cánticos de alabanza como Madre suya y Esposa del divino Espíritu.

Tú eres hija de la Iglesia Santa y esposa de mi Hijo benditísimo y favorecida de su gracia, justo es que seas diligente y celosa en adquirirle esta gloria y exaltación, trabajando contra sus enemigos y peleando con ellos para que tu Esposo tenga este triunfo.

















LA SANTA BIBLIA FUE HECHA POR LA SANTA IGLESIA CATÓLICA............DAR CLICK EN LA IMAGEN

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