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SATÁN ENTRONIZADO EN EL TEMPLO SANTO" SE ARRODILLA ANTE HEREJES QUE ODIAN A LA MADRE DE DIOS



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sábado, 6 de junio de 2015

LOS DÍAS ESTÁN CONTADOS. HAY QUE HUIR, NO SÓLO DE LA IGLESIA, SINO DEL MUNDO. EN MUCHAS MENTES HUMANAS TRABAJA YA LA POSESIÓN DEL DEMONIO, Y LO QUE QUEDA POR VER ES LA PERFECCIÓN DE ESA POSESIÓN: EL MICROCHIP LA MARCA DE LA BESTIA POSEER LA MENTE Y EL CUERPO DE LA PERSONA: JOSEPHMARIAM




 «No acepten la marca porque si lo hacen estarán bajo su influencia hipnótica»


Mensajes De Dios Al Mundo presenta la guía espiritual del padre josephmaryam a través de los mensajes en sus publicaciones y en sus repuestas a las preguntas de feligreses y comentaristas
de la web.

Si no se conoce lo que es la verdad, no se tiene libertad: josephmariam



«El mundo es Mío…Yo lo he creado; las metas alcanzadas son sólo una paja,… Vuestro cerebro asemeja a un grano de vuestra arena que hay alrededor de los mares…verá entonces vuestra soberbia que está bien llevar “la marca en la frente o en la mano”» (Conchiglia, 2 de junio del 2000).

El dueño del hombre es Dios, que lo ha creado a su imagen y a su semejanza. El fin de toda la Creación es dar gloria a Dios. Y sólo el hombre es incapaz de ofrecer esta gloria a Dios. Su soberbia se lo impide.

El hombre no es libre para ser, no elige lo que es, sino quién va ser, qué va hacer con su vida. Su plan de vida.

Se nace hombre; no se nace animal o espíritu o Dios o una planta. No se elige nacer en una esencia determinada. No se es libre para ser, para venir a la existencia.

Se nace varón o hembra. Y nadie puede cambiar eso. Por eso, todo hombre depende absolutamente de Dios. La única cosa que el hombre no puede quitar de su vida es su creación. El hombre puede vivir alejado de Dios totalmente, con una vida en la cual Dios no aparezca por ninguna parte. Pero el hombre no puede quitar de su misma naturaleza humana el acto creador de Dios. Desde el primer instante de su ser, de su existencia humana, el hombre conoce lo que es, aunque no lo recuerde. Guardamos memoria, en nuestro ADN, de nuestro primer día de vida. De ese día en el cual Dios obró nuestra existencia humana. Nos unió a un cuerpo para que nuestra alma lo informara. Y esa unión del alma con su cuerpo queda grabada en nuestro ADN.

Cuando somos engendrados en el vientre de nuestra madre, no somos un conjunto de células que se unen para adquirir un destino, una forma, una vida. Somos una creación divina. Y eso es lo ningún hombre puede quitar de sí. Puede no recordarlo. Puede vivir sin profundizar en este misterio de la vida. Pero está ahí. Y la misma naturaleza humana se lo recuerda.

Dios ha creado al hombre como es, con su naturaleza humana. Y ningún hombre puede cambiar eso, pero sí puede introducir en esa naturaleza humana otro tipo de existencia, de vida, la cual puede anular la esencia humana.

El homosexual elige un proyecto de vida que suplanta la vida humana por otra cosa: quiere ser lo que no puede ser. Dios lo ha creado varón, pero no acepta la obra de Dios en él: no acepta ser varón para unirse a una mujer. Y quiere vivir su vida para ser mujer, para comportarse como una mujer.

El homosexual no es libre para ser mujer: no tiene derechos naturales para ejercer esa existencia humana. No los tiene inscritos en su naturaleza humana. Su esencia humana no le exige ser mujer, no está dispuesta para ser mujer. Dios lo creó varón, y varón será siempre.

Pero el homosexual es libre para optar por el pecado de homosexualidad, con el cual obra una vida que no es humana, que no es propia de su naturaleza humana, que es una aberración, una abominación. No es su vida; no es la vida de un varón. No es la vida a la cual Dios le puso en la existencia humana. Y si no se arrepiente de su pecado, entonces anula su esencia humana, no física, sino espiritualmente. Vive un contrasentido, un absurdo, que impide a su alma salvarse y redimir a su cuerpo. Comete el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo.

Toda alma es para un cuerpo. Así un alma masculina exige un cuerpo masculino. Y un alma femenina exige un cuerpo femenino.

Ser varón o hembra pertenece, no sólo al cuerpo, sino también al alma. No es una cuestión orgánica, sino vital, propia de la persona humana, de la existencia del hombre.

Un varón está llamado por Dios a ser hombre porque su alma ha sido creada para ser eso: varón. Su alma no puede elegir no ser varón. No puede elegir ser hembra. No puede elegir estar en un cuerpo de mujer. El alma no tiene esa libertad. No se es libre para ser, sino para hacer, para realizar una vida en la naturaleza humana.

Por eso, el pecado de orgullo es lo que manifiesta todo hombre que no acepta el ser que Dios le ha dado.

Lucifer no aceptó ser como Dios lo había creado: no quiso ser ángel de luz. Por su pecado de orgullo se convirtió en un demonio, se transformó en otra cosa, anuló su esencia angélica para vivir en una esencia que no es la suya. Por eso, Lucifer, que es espíritu puro, combate en el hombre lo que Dios ha hecho. Y su sólo propósito es anular la humanidad que Dios ha creado. Anular la obra de la creación del hombre, creación divina. Porque su pecado de orgullo le lleva a ser como Dios, a actuar como Dios, a realizar las mismas obras de Dios.

Lucifer tiene que crear su humanidad. Y ser el dueño de esa humanidad. Y la crea sólo para anular la humanidad que Dios ha creado. La crea para anular el dominio que Dios tiene sobre toda la Creación.

Lucifer tiene que crear su universo. Y lo hace anulando la Creación de Dios.

Por eso, el demonio no descansa en este trabajo. Lleva siglos y siglos intentando esto, y por muchas maneras, por muchos caminos. El hombre no conoce las obras del demonio desde el momento en que pecó. Y no sabe medir qué puede o no puede el demonio. ¿Hasta dónde llega su poder en la Creación Divina? ¿Qué cosas ha creado el demonio, ha puesto en esa Creación de Dios, para estorbarla, anularla y así combatirla?

El demonio quiere quitar al hombre de la Creación Divina. Por eso, tiene que inventarse una plaga.

«…e hizo que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, se les imprimiese una marca en la mano derecha y en la frente, y que nadie pudiese comprar o vender sino el que tuviera esa marca, el nombre de la Bestia o el número de su nombre» (Ap 13, 18-17).



La marca de la Bestia «traerá consigo la muerte – la muerte del alma y la muerte por una terrible enfermedad» (29 de julio de 2013).

Esa marca es un virus que mata dos cosas: el cuerpo y el alma.

Por tanto, no es sólo un virus: no es una enfermedad natural. Es algo inventado por los hombres para matar el cuerpo. Y, al mismo tiempo, mata el alma. Se produce la muerte espiritual, es decir, la condenación. Ese virus lleva a la persona al infierno: le es imposible salvarse. Vive condenada. En otras palabras, aceptando esa marca el hombre comete el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo, el cual no tienen perdón.

Y habrá muchos hombres, que en sus soberbias, vean como bueno la marca de la bestia. ¿Qué es la mente del hombre? Un grano de arena. Nada. El hombre nunca comprende la verdad de las cosas. Siempre es complicado para aceptar la verdad.


Profeta: Conchiglia

«Los Potentes del mundo son todos corruptos…Están acumulando provisiones de cada género. ¡Están a punto de imponerles la marca de la bestia!» (Conchiglia, 22 de agosto del 2005).

Toda alma tiene que ser «valiente para rechazar su venenosa marca» (2 de junio del 2012). La venenosa marca de los grandes del mundo. Esa marca es un veneno. Y un veneno mortal.

«Una vez implantado va a envenenar, no sólo su mente y su alma, sino su cuerpo también. Porque ésta causará una plaga ideada para eliminar a gran parte de la población mundial» (1 de junio del 2012).

Se quiere liquidar a la humanidad que Dios ha creado. Esa humanidad no les sirve a los grandes del mundo. Ellos están en su proyecto de vida, totalmente satánico.


Sólo las almas que están en gracia, que luchan por no ponerse la marca, pero que forzadamente se les imprime, se salvan: «De esas almas inocentes se salvarán quienes estén en estado de gracia en el momento de ser forzados a aceptar el chip» (1 de junio del 2012). No cometen pecado, porque con su voluntad eligen no querer el chip. Pero son obligadas. Y cuando el hombre hace una cosa obligado, sin posibilidad física de hacer otra cosa, no peca nunca.

Pero las almas que no están gracia, pero se resisten al chip, entonces podrán salvarse, pero será muy difícil: «Satán usará el poder de la posesión en aquellas almas que lleven la Marca y será muy difícil salvarlas» (20 de julio del 2012). Difícil, porque en ellos estará la posesión del demonio que les impedirá el arrepentimiento.

Las almas que reciban el chip en gracia, quedarán poseídas por el demonio, pero podrán salvarse: la puerta del arrepentimiento estará abierta. No será una posesión perfecta. Y podrán liberarse de esa posesión con un exorcismo que un sacerdote les haga.

La marca de la Bestia trae consigo una posesión demoniaca: Satán usará el poder de la posesión. No es una obsesión demoniaca. No es una presencia del demonio en el cuerpo del hombre. Es poseer la mente y el cuerpo de la persona.

«No acepten la marca porque si lo hacen estarán bajo su influencia hipnótica» (15 de noviembre del 2010).

Esta posesión es una influencia hipnótica del demonio en el cuerpo y en el alma de la persona. Mediante esa hipnosis, la persona se halla maniatada totalmente por el demonio; y sólo puede pensar lo que el demonio le pone en la mente, y sólo puede obrar lo que el demonio quiere que obre.

En esa posesión demoniaca, la persona no es libre para elegir, porque ha abierto al demonio su voluntad humana: se la ha dado completamente. La persona sólo tiene un dueño: el demonio. Y obra con la voluntad de su dueño. No puede obrar con su propia voluntad humana. No es libre para elegir un camino fuera del demonio. Sólo puede vivir aquello que el demonio quiere.

Es una posesión en la mente y en la voluntad de la persona humana. Y es perfecta. El hombre no puede arrepentirse de haberse dado al demonio. No encuentra una idea de arrepentimiento. No encuentra un deseo de arrepentimiento. Es la cima del pecado de orgullo en el hombre lo que se obra en esa posesión.

Para que se dé esta marca, es necesario presentarla en forma de una idea religiosa:

«De repente, a todos se les pedirá que acepten la “marca de la lealtad”, la “marca de fidelidad”. Un mundo unido, en el cual todos los hombres tendrán que participar. Ésta controlará su dinero, su acceso al alimento y su forma de vivir» (1 de junio del 2012).

La marca de la Bestia es la marca de la lealtad, de la fidelidad. Es la marca de una idea filosófica, que viene por la implantación de un gobierno mundial. Hay que ser fieles, leales a ese gobierno. Hay que obedecer la mentalidad dominante. Hay que seguir la masa, la idea de la masa, el lenguaje de la masa. Esa idea lleva a dar el control de la vida a ese gobierno. Que los grandes del mundo sean los dueños de la vida de cada hombre.

«La mayoría de la población mundial pertenece a la masonería, que la ha devuelto esclava como los fueron los esclavos de Egipto… Lo que veo es una población que alejándose de las leyes de Dios, es esclava por las leyes humanas entrelazadas por los señores del Poder. Digo -con razón- entrelazadas… más bien enredadas… ya que las leyes humanas son retorcidas y equivocadas… Lo que veo es completa desolación… una manada enorme de hombres que siguen a otros hombres, que yerran sin pensar y meditar sobre la misma condición de esclavos. Lo que veo es una población obtusa, que harta y saciada de sus palabras… está llena de conceptos vacíos e inmoralidad… y vacía de Dios. Lo que veo es una población que habiendo dado escucha y consentimiento a los malos maestros, por ellos es sometida… y maltratada… y apaleada… y matada en el cuerpo… en la mente y en el espíritu. Lo que veo es un gallinero… gallinas estúpidas… que tragan cualquier cosa digan o hagan los señores del Poder; y pollos… que son saciados aquel tanto que basta… para ser eliminados al momento oportuno» (Conchiglia, 25 de octubre del 2008).

Cuando el hombre ha perdido la fe, entonces el hombre es manejado por el mismo hombre. Se vuelve un veleta del pensamiento humano, un juego de los grandes del mundo. Y ese hombre sabe que están jugando con él, pero se somete a ese juego, queda atrapado en ese juego. Y vive para el dueño que lo somete.

«Lo que veo es una población que bajo el látigo del poder masónico todavía construye hoy ladrillos de paja, estiércol y barro, para construir los castillos de los patrones, para construir sus riquezas desmedidas, para construir la muerte por las armas atómicas y químicas, por el aborto y por todo lo que es mal» (Ib).

Y este hombre sin fe no puede levantar su cabeza ante ese dueño. No puede rebelarse ante el mal.

«Lo que veo es una población que si levanta la cabeza para rebelarse a sus patrones, sedientos de dinero y de poder, en vez de ser escuchados por ellos, son vueltos aun más esclavos, y también son privados de los necesario para existir» (Ib).

Vive en un círculo vicioso, que no sabe romper porque ha perdido la fe.

«Uno sobre mil y uno sobre diez mil apenas logrará huir del sistema de control que han preparado desde hace tiempo en previsión de la rebelión de los pueblos» (Ib).

Los grandes de la tierra quieren tenerlo todo bajo sus pies. Quieren liquidar la raza humana. Y ella misma, los mismos hombres quieren ir al matadero. Se han hecho ovejas dóciles a los potentes del mundo.

En esa humanidad ya no vive la verdad, ya no se ama la verdad, ya no se lucha por la verdad. Porque no saben lo que es la verdad.

«Todavía son esclavos de un sistema que aún quieren perfeccionar más, imponiéndoles de hecho un sistema de control cada vez más sofisticado, para que no puedan huir, ni siquiera al más mínimo control. Les han robado y todavía más les robarán la libertad, para llegar a robarles la vida, y sobre todo el alma» (Conchiglia, 29 de diciembre del 2011).



Si no se conoce lo que es la verdad, no se tiene libertad. La verdad es lo que hace libre al hombre. Vivir la verdad, obrarla es dar al hombre el camino de la verdadera libertad. Pero vivir sujetos al error, a la mentira, al lenguaje humano, es esclavizarse para morir esclavos.

Ese chip aniquilará el ADN del hombre, en su cuerpo, lo transformará, y el alma estará viviendo en un cuerpo que no pertenece a la esencia humana. Ese chip es un virus que destroza el ADN, lo envenena,  y el cuerpo pierde su esencia. El alma vive en un cuerpo que ha sido destrozado completamente. Y, por eso, no puede salvarse en ese cuerpo. El alma humana está en cuerpo que ha sido adulterado en su esencia. Y eso supone la condenación del alma. Por eso, aceptar el chip es condenarse. Es aceptar no ser más un hombre de la naturaleza humana que Dios ha creado. Si no aceptar ser un hombre de lo que el demonio ha creado, ha metido,  en el cuerpo. Un cuerpo transformado en un ser demoniaco. De esta manera, Lucifer pone en el hombre creado por Dios su mismo pecado de orgullo, que transforma su esencia angélica en una esencia demoniaca. Dios tuvo que irse de Lucifer en su pecado, de su naturaleza angélica. Tuvo que echarlo fuera. Así hará con los hombres que acepten la marca de la bestia.

«Esa marca, la marca de la bestia, será su caída. No es lo que parece. Al aceptar, serán removidos lejos, muy lejos» (15 de noviembre del 2010).

Dios se retira de la naturaleza humana, al igual que se retiró de la naturaleza angélica de Lucifer.

Por eso, esa posesión del demonio es perfecta, es el culmen del pecado de orgullo en el hombre.

Lucifer buscó separarse de Dios en la esencia. Pero no podía borrar lo que Dios había puesto en su creación. Sólo podía inventarse, con su entendimiento angélico, una forma de vida para ser como Dios, para vivir como Dios, para pensar como Dios.

Para eso, el chip. Es el paso del demonio para ir a la creación demoníaca del hombre.

Todos los experimentos que se han ido realizando con el semen y el óvulo es sólo esto: que el demonio pueda crear al hombre, una nueva humanidad, a través del mismo hombre.

Es renovar el pecado de Adán en el Paraíso, pero ahora por medio de la ciencia y de la técnica. Es decir, por medio de la inteligencia humana.

Con Adán, el demonio creó una humanidad para él. Pero se le acabó su obra. Jesús puso un camino al hombre para poder salvarse: el camino de la gracia.

Ahora, con la inteligencia humana, el demonio está creando hombres sin almas en los tubos de ensayos. Una nueva humanidad, controlada en todo por el demonio, que nace de las manos del mismo hombre.

Todo lo que el hombre crea en una probeta lleva el sello del demonio, lleva una posesión demoniaca.

Pero es necesaria consolidarla: darle la fuerza de lo religioso. Apoyarla con una iglesia universal en que se facilite –en un gobierno mundial- lo que ya se viene haciendo en muchas partes del mundo. Y con esa fuerza de lo espiritual, acabar con la humanidad que Dios ha creado, con un chip, con un virus, para así tener –en la tierra- sólo la humanidad que el demonio ha creado.

Es la obra de Lucifer. Es una batalla espiritual contra Dios. Por eso, los tiempos son apocalípticos.

Los días están contados. Hay que huir, no sólo de la Iglesia, sino del mundo. El mundo se ha vuelto loco. El hombre se cree Dios y no puede salir de ese pensamiento. En muchas mentes humanas trabaja ya la posesión del demonio. Y lo que queda por ver es la perfección de esa posesión.


Respuestas a los Comentaristas por el padre josephmaryam


Sofía
1 JUNIO, 2015 EN 2:13 AM
Padre
Por favor, ¿podría explicar un poco el poder de atar y de desatar de Pedro?

josephmaryam
1 JUNIO, 2015 EN 7:33 AM

Es sencillo ese poder, pero muchos católicos nunca lo han comprendido, porque no saben obedecer en la vida espiritual.
Es la potestad de gobernar que tiene, no sólo Pedro, sino todos los Obispos unidos a Pedro, en la obediencia a Pedro. Esa potestad desaparece cuando no se da esa obediencia a Pedro.
Es una potestad social: es el hecho de imponer o quitar un vínculo, ya jurídico, ya social. Se refiere tanto a una autoridad legislativa de prohibir o permitir directamente algo, como a una autoridad doctrinal, de declarar que algo está permitido o prohibido.
Es una potestad dotada de gran amplitud, que se extiende a todas las cosas. Y que tiene un gran poder, ya que lo que decida la jerarquía queda ratificado en el cielo, por Dios.
Es una obediencia a Dios que posee un elemento humano, el cual puede errar. Con ese elemento humano, se puede hacer una injusticia al alma e incluso oponerse a una voluntad de Dios.
Por ejemplo, santa gema no pudo realizar la vocación divina en la Iglesia. Vocación que Dios dio a su alma, sino que fue declarada “loca” por la misma jerarquía de la Iglesia, haciendo una clara injusticia a su alma y yendo en contra de la voluntad de Dios en esa alma. Y eso quedó atado en el cielo. Dios resuelve esa injusticia con un bien mayor para toda la Iglesia: ahora es la primera santa de los pasionistas.

Así, en la vida de los santos hay muchas situaciones injustas para ellos, pero obedecen a la jerarquía por este poder de atar y desatar. Ahí tienen a San Juan de la Cruz, al Padre Pío y muchísimos santos que obedecieron a Dios, pero a través de los hombres.

El Concilio Vaticano II es una muestra de este poder. Dios no lo quería, no era Voluntad de Dios hacer un Concilio como se hizo. Pero el elemento humano, los hombres sí lo querían. Por ese poder, Dios se obliga a que ese Concilio salga sin herejía. Con errores, porque no se pueden quitar los errores en la Iglesia terrenal, pero sin herejía. Después, Dios sacará de ese Concilio un bien para toda la Iglesia: va a separar el trigo de la cizaña. De esa manera, la Iglesia comenzará un tiempo nuevo, en el cual el demonio estará atado y la Iglesia podrá hacer sólo la Voluntad de Dios, sin el elemento humano.

Cuando los Papas no tienen claro conocimiento de lo que hacen los Obispos o estos hacen cosas sin estar unidos al Papa, entonces no se da ese poder, no actúa. Por ejemplo, todas las cuestiones, reformas litúrgicas, como la comunión en la mano y otras cosas, en las cuales el cielo no ata ni desata nada. Los Papas han estado prisioneros, los Obispos se han rebelado; por lo tanto, no se da esa autoridad. En este caso, hay que obedecer a Dios y no a los hombres.

En el caso de un usurpador, no existe ese poder de atar y desatar, no sólo en Bergoglio, sino en toda la jerarquía que le obedece. El cielo no es el juego de los hombres. Todo lo que dice o hace ese hombre, que ha usurpado el Trono, es sólo una obra de teatro. El cielo ata y desata sólo con el Espíritu de Cristo. Sólo Cristo maneja ahora la Iglesia. Y, por eso, sólo hay obediencia a Cristo, a Dios, no a los hombres, no a la jerarquía. No puede haberla.


josephmaryam
1 JUNIO, 2015 EN 3:25 PM
La Iglesia de Cristo es la que permanece en la verdad: eso significa remanente. La Iglesia sólo se construye en la Palabra de la Verdad, no en las palabras de los hombres. Por eso, en el Vaticano ya no está la Iglesia de Cristo. No puede estar. Ni en ninguna parroquia. Pero esta verdad a la gente le cuesta verla, porque se engaña con lo exterior, con lo visible, con lo oficial que ve.
La Iglesia está ahora en el desierto. Y ahí tiene todos los Sacramentos.

Veritas
1 JUNIO, 2015 EN 5:20 PM

Gracias Padre por su respuesta.

NSJ dijo en su último mensaje que su palabra, La Verdad, sólo estaría a través de los mensajes a su profeta MDM. Claramente en la jerarquía del Vaticano ya no está, ni tampoco en ninguna parroquia.

Si los sacramentos están en el desierto:
Qué hay aún en las parroquias de sacerdotes con fé en Cristo?
Pueden haber parroquias en el desierto por la fe del Sacerdote?

josephmaryam
1 JUNIO, 2015 EN 5:32 PM

La Iglesia está en el desierto.
Pero la Iglesia ya no es la Jerarquía, sino los corazones fieles a la Palabra de Dios.
En este tiempo del desierto no tienen que ver la iglesia en una parroquia, en una capilla, sino en las almas. Es decir, no será visible para el mundo, para los hombres.
La Iglesia en Pedro es visible en todo el mundo. Pero, cuando un usurpador está sentado en el Trono de Pedro, lo que es visible es la usurpación, no la Iglesia. Se oculta la verdadera Iglesia y aparece una nueva, que es falsa, que es una secta más, pero con el colorido de lo católico, con el nombre de lo católico. Es sólo el nombre. Algo bonito, algo que vende, algo que todos lo toman como verdadero.
Lo que hay en las parroquias es tres cosas: herejía, cisma y apostasía de la fe.
Y si los fieles y jerarquía no salen de ese ambiente, quedan atrapados y en el camino de condenación. Están en peligro de condenarse desde el momento en que dan su obediencia a un hereje.
En las parroquias sólo se vive la tibieza espiritual. Y no otra cosa. Estamos en el tiempo de la Iglesia de Laodicea, que es la Iglesia de los grandes tibios, es decir, de gente que se cree algo porque pertenece a la Iglesia o va a misa el domingo.
Mientras el sacerdote crea, Cristo estará en medio de tanta tibieza, en medio de tanta ignorancia culpable y en medio de tanto silencio culpable. Estará sufriendo y nadie, ningún alma en esas parroquias, atenderá ese sufrimiento. Y así estará, en medio de lobos, hasta que los lobos se harten y lo echen a patadas de su misma Iglesia, del Sagrario, que es Su Casa en la tierra.
Y cuando lo echen a puntapiés, todos aplaudirán el momento y esa parroquia se convertirá en el centro del infierno: saldrán demonios, de lo más oscuro de la tiniebla, para tomar posesión de los cuerpos y de las almas que vayan a esa parroquia.
En el desierto no hay parroquias, porque la Iglesia remanente es invisible. Está escondida. ´Sólo hay almas que viven de pura fe.


Fundación Salvat
1 JUNIO, 2015 EN 12:36 PM

Ud. lo dijo padre, es una obra de teatro, tanto por parte de Bergoglio como por todos los que lo siguen….es doloroso ver consagrar a un hereje, verlo levantar las ofrendas al cielo cuando ellos no creen y llevan una vida indigna de sacerdotes. Son varios los que actúan así, Dios nos libre.

Ahora organizaron una fiesta diocesana: “unidad en la diversidad” ….100% alineados con Bergoglio.

No quiero ser parte del circo, pero quizás podría ir a ver qué mensajes anuncian, cómo manipulan, y alertar a alguno? Valdrá la pena arriesgarse?

RESPONDER
josephmaryam
1 JUNIO, 2015 EN 12:38 PM

Siempre se puede ir al “infierno” si hay un alma que rescatar. Si no existe ese alma, entonces no tiene que ir.

Fundación Salvat
1 JUNIO, 2015 EN 9:02 PM

gracias padre, lo pondré en oración y en las manos de Dios.


Loera Lupercio Edgar
1 JUNIO, 2015 EN 1:27 PM


El innombrable promoviendo claramente la homosexualidad con los colores maricas del arcoíris durante su próxima visita a Ecuador, lo íincreíble de todo lo que a diario escupe este charlatán, es que mucha gente sigue defendiendo a este personaje sin escrúpulos, argumentando que Bergoglio es un hereje material y no formal, !No se dan cuenta de su pertinacia en las herejías! y se jactan de conocer el Magisterio, la doctrina y todas la Leyes Eclesiales, cuanto fariseismo se percibe por todas partes entre los que se nombran Católicos.

Dios Nuestro Señor tenga misericordia de nosotros y nos conduzca por el camino verdadero, aceptando siempre su Divina Voluntad, un abrazo en Cristo Jesús a todos los lectores de este bendito Blog!!!


Juan Pablo
1 JUNIO, 2015 EN 5:30 PM

Padre, ¿podría aclarar esta parte?:

“Ese chip es un virus que destroza el ADN, lo envenena, y el cuerpo pierde su esencia. El alma vive en un cuerpo que ha sido destrozado completamente. Y, por eso, no puede salvarse en ese cuerpo. El alma humana está en cuerpo que ha sido adulterado en su esencia. Y eso supone la condenación del alma.”

Porque está escrito: “4. Os digo a vosotros, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. 5 . Os mostraré a quién debéis temer: temed a Aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése.” Lucas 12, 4-5

Parece como si el alma tuviera su destino atado al cuerpo.

josephmaryam
1 JUNIO, 2015 EN 5:47 PM

El alma se salva en su cuerpo, no fuera de su cuerpo. La naturaleza humana es la que puede salvarse.
Un alma humana fuera de su cuerpo, en un cuerpo adulterado sustancialmente, no sólo accidentalmente (como puede ser una enfermedad), no puede salvarse. Porque el alma está unida sustancialmente a su cuerpo, para producir la naturaleza humana. Si se consigue un virus capaz de adulterar sustancialmente el cuerpo, automáticamente se altera la unión sustancial entre alma y cuerpo. El alma queda informando un cuerpo que ya no pertenece a la naturaleza humana, a causa de ese virus, de ese veneno mortal. Y no puede salvarse.

Muchos no han caído en la cuenta de lo que significa la marca de la bestia.
Ponerse un chip para poder comer eso no condena a nadie. Pero ponerse un chip que hace que el cuerpo pierda su esencia, eso es lo que condena.
Ese chip se venderá como una vacuna más porque será impuesto a todos después del Aviso, en un tiempo de muchas enfermedades y virus por todas partes. El Aviso trae consigo muchas cosas del espacio exterior, del universo, que golpean la tierra y producen nuevas enfermedades. Y el Anticristo aprovecha eso para hacer su negocio en la tierra.
Impone una vacuna para cambiar sustancialmente el ADN del cuerpo. Esto está por conseguirse. Si pudieron hacer la oveja Dolly, pueden descubrir un virus, que tiene un adn distinto al del hombre que sea capaz de anular el adn del hombre. Están en eso. Por eso, no hay que dejarse marcar por ese sello porque automáticamente el hombre deja de ser hombre: el alma está en un cuerpo que no puede redimirse.
Lo que le pasó a Caín: un alma en un cuerpo que no pertenecía a la naturaleza humana.
Es el gran pecado de Adán que no se medita con profundidad.
Y los hombres siempre caen en la misma piedra. El pecado de Adán se repite en la actualidad, pero por otro camino: por la ciencia.

josephmaryam
2 JUNIO, 2015 EN 12:59 AM

Ya los chinos han logrado alterar el adn humano:

en inglés:

noticia en español:


La alteración del adn produce un cambio sustancial en el cuerpo. Todo cambia, como los investigadores han observado: «gran cantidad de mutaciones inesperadas». El adn originario se transforma en algo deforme. La sustancia humana se degenera. Ya no es adn humano, es otra cosa. Hasta ahora lo han hecho sólo en embriones. Pudieron meter el adn que ellos querían, produciendo «un alto número de mutaciones no deseadas», es decir, no propias del adn originario. Al cambiar el adn originario, metiendo otro adn, se rompe la esencia del embrión, surgen cambios sustanciales (no accidentales) no deseados, inesperados, y ya no se tiene el adn originario. Su esencia es otra cosa: un ser deforme, que necesariamente tiene que morir.
Son los signos de los tiempos. Estos signos nos dicen que la marca de la bestia está muy próxima.

Carmen
2 JUNIO, 2015 EN 7:34 AM

Padre, quizás ya estemos cerca de los tiempos en que se adorara a Dios en Espíritu y en Verdad. Pienso que al no poderlo hacer ( quizá dentro de poco) en las Iglesias, si estamos en Gracia, lo Adoraremos desde nuestra alma. De me por favor su opinión al respecto. Gracias

josephmaryam
2 JUNIO, 2015 EN 8:02 AM

Adorar en Espíritu y en Verdad ya se hace desde que Jesús envió el Espíritu en Pentecostés.
El alma tiene dos cosas: el Espíritu y la gracia. Con estas dos cosas se adora a Dios en Espíritu y en Verdad.
La Iglesia, la capilla, la parroquia es para adorar a Cristo en Espíritu y en Verdad. Para eso, está en el Sagrario.
Como la gente no sigue al Espíritu y no vive en gracia, no es fiel a la gracia, entonces entra en la capilla como pedro por su casa, de cualquier manera. Y hace del templo de Dios un negocio, una cueva de ladrones.
En el desierto, faltará la Presencia de Cristo en la Eucaristía. No habrá un sagrario permanente. Pero se seguirá adorando a Cristo en Espíritu y en Verdad. Esto no cambia en el alma. Lo demás, es lo que cambia.
El alma adora a Dios con el corazón, no con la mente. El corazón es la sede del Espíritu. La fe es para el corazón, no para la mente de la persona. La gracia es la verdad divina que alimenta la mente del hombre y dispone su corazón para la adoración a Dios.
Se adora a Dios en Su Espíritu, en Él Mismo. No se puede adorar a Dios fuera de Dios. Por eso, la oración pide el silencio, el recogimiento, la soledad, la penitencia, para que el alma se sumerja en el Espíritu, para que ningún pensamiento humano turbe al alma en la Presencia de Dios.

arturo
2 JUNIO, 2015 EN 7:56 AM

A bergoglio ya no le bastan las blasfemias y herejías, ahora se las quiere dar de árbitro de relaciones exteriores. Lo hizo con estados unidos y cuba, Israel y Palestina y y ahora quiere que Chile ceda territorio para una administración compartida con perú y bolivia para dar una salida soberana a bolivia al océano pacífico. En su particular estilo, le dijo al rector de la universidad católica de argentina su testaferro en este contubernio, “que hicieran mucho lío con esto” (palabras textuales). Han sacado un documento, “el acta de buenos aires” que define los lineamientos de lo que será este experimento de la diplomacia vaticana, aprovechando la coyuntura de sus anunciadas visitas a Chile y Bolivia. El ego de bergoglio no conoce límite alguno. Obviamente el Vaticano le quedo chico y hoy quiere redibujar el mapa del mundo para buscar el aplauso fácil de los borregos descerebrados por sus “denodados esfuerzos por la paz”.Este idiota quiere el Nobel, el Nobel de los mongólicos si tal premio existiera. Esta intromisión puede terminar muy mal, y en lugar de paz, traer conflictos donde la paz se ha sostenido en forma precaria sobre la hostilidad y el resentimiento, gracias a tratados válidamente suscritos. Bergoglio es un intruso, que se mete sin que nadie lo llame, a arbitrar sobre lo que no le importa, en forma imprudente y soberbia, solo para que lo adoren por lo bueno que es, sin advertir que puede provocar justamente el efecto contrario, y producir conflictos impredecibles en sus consecuencias. Bergoglio es un peligro para la paz mundial. Y es posible que sea él mismo quien termine detonando la tercera guerra en forma inadvertida por estupidez o como parte del plan masonico para crear el conflicto y asi introducir al anticristo y el nuevo orden mundial como solución de todos los problemas de la humanidad.

josephmaryam
2 JUNIO, 2015 EN 8:06 AM

Bergoglio actúa como un político, no como un religioso. Y, por eso, se mete en cosas que no son de su incumbencia. Pero ha nacido para ser político. Mal político. Mal gobernante. Sólo busca su gloria en la política, no la solución de los problemas.

Sofía
3 JUNIO, 2015 EN 1:02 AM

Padre
Perdone que le insista con la potestad de Pedro.
Me chocó terriblemente que dijera que Pedro tiene potestad para atar y desatar lo doctrinal. Atar vale ¿pero desatar lo doctrinal? ¿no es acaso precisamente ese el problema, que la doctrina no debe desatarse y eso es lo que se está haciendo?

RESPONDER
josephmaryam
3 JUNIO, 2015 EN 7:11 AM

La Iglesia está basada en los profetas, en la tradición y en el magisterio. En estas tres cosas está contenida la doctrina de Cristo.
La Iglesia es la Verdad, no es un conjunto de leyes. Cristo es una doctrina, porque es la Palabra del Pensamiento del Padre. Lo que enseñó Jesús a Sus Apóstoles eso es la Iglesia. Se está en la Iglesia porque se cree en la Palabra, no porque se cumple una serie de leyes.
En el magisterio de la Iglesia hay muchas cosas que son espirituales, pero que no son la doctrina de Cristo. Lean a los Santos y vean que cada uno tiene un magisterio privado, que puede o no contener errores. Sobre ese magisterio privado, la Iglesia tiene potestad para decir lo que se puede o no se puede seguir.
Al igual, en los Profetas, la Iglesia tiene la autoridad para interpretar y declarar lo que es acorde con la doctrina de Cristo y lo que no es acorde. Las Escrituras las interpreta la Iglesia. Tiene una autoridad doctrinal.

La Iglesia tiene un magisterio auténtico e infalible, que no se puede tocar. Es el magisterio dogmático. En ese magisterio dogmático hay cosas que se refieren al dogma, pero que no son dogmáticas. Están todavía en la certeza, en la opinión teológica, etc., en las cuales hay diversidad de opiniones. La Iglesia decide, ata y desata, en cuanto a todas esas cosas. Lo que es dogmático, no se puede tocar, porque ya ha sido depurado con la autoridad doctrinal.

Por ejemplo: existe el dogma del pecado original. Esto nadie lo puede cambiar. Pero hay muchas cosas referentes a este dogma, en que la Iglesia va atando y desatando, porque no están claras para los teólogos. Pero lo que es el dogma, eso nadie lo puede cambiar.

Precisamente, una señal de que no se tiene autoridad doctrinal es aquella jerarquía que quiere cambiar el dogma. Porque el dogma es la doctrina de Cristo, lo que Cristo enseñó a Sus Apóstoles. Y la Jerarquía está hecha para eso: para enseñar esa doctrina, no para inventarse una doctrina. Quien enseñe otra cosa no tiene autoridad doctrinal en la Iglesia, porque en la Iglesia ningún hombre puede ponerse por encima de Dios.

La Iglesia es la Palabra de Dios, no son las palabras humanas de los hombres. Es la enseñanza de la Palabra de Dios. Y Dios da autoridad al hombre para enseñar esa misma doctrina sin error. Y, por eso, la Iglesia tiene autoridad doctrinal de atar y desatar. Pero es claro que no se refiere a la doctrina inmutable, eterna, a lo dogmático. Sino que es un discernimiento doctrinal: se ata y se desata en todo aquello que en lo doctrinal no es dogmático.

La confusión de muchos es entender qué cosa es la doctrina. Porque en la Iglesia, en los Santos, en la Tradición, en los profetas, hay muchos magisterios que no son el dogma. Son doctrina, pero no es el magisterio autentico e infalible, no es la doctrina de Cristo. Esta es, precisamente, la gran confusión. Si los fieles, si la Jerarquía no tienen claro lo que es dogmático de lo que no es dogmático, entonces aparece la gran confusión, que es lo que vemos en todas partes.

El magisterio auténtico e infalible es lo propio de la Iglesia, es decir, lo que toda jerarquía tiene siempre que enseñar, lo que todo fiel tiene que aprender. En otras palabras, lo que no se puede tocar, cambiar, porque es la misma doctrina de Cristo, la misma Verdad Revelada. Y nadie, en la Iglesia, tiene poder para ponerse por encima de la Verdad Revelada, que es ponerse por encima de Dios. Nadie en la Iglesia puede desatar la verdad revelada y enseñar otra cosa. Quien lo haga está demostrando que no tiene el poder de Dios de atar y desatar.

Pero, en la Iglesia hay otros magisterios. Y sobre estos actúa el poder de atar y desatar. En todo esto, es claro que se mete también el elemento humano. Por eso, hay cosas que deberían pertenecer al magisterio auténtico e infalible que por esa potestad de atar y desatar no son declarados dogmas o se ocultan a todos por intereses humanos.

Sepan las clases de magisterio en la Iglesia. Y entonces no se escandalizarán de lo que la Jerarquía actual está haciendo. Comprenderán que no tienen poder divino en la Iglesia. Es decir, están levantando su nueva iglesia con una nueva doctrina. No tienen el poder de atar y desatar, que es divino. Tiene un poder humano de destrozar lo que ha sido atado para siempre.

Sepan discernir las cosas para hablar correctamente, para llamar a cada cosa por su nombre.
Si Pedro no tuviera ese poder doctrinal, entonces la Iglesia sería un gran caos legislativo. Y no se vive de leyes en la Iglesia, sino de la Verdad. Y la Verdad ahí está, es muy sencilla, pero no es tan clara de ver. Es el fruto del pecado original: nadie entiende lo que es la Verdad. Nadie la ama. Nadie lucha por la Verdad. Todos luchan por sus verdades. Por eso, la gran división en la Iglesia.





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